Pues la verdad es que no tengo ni idea laughing. Bueno, sí que un poco sé de lo que significa ser hombre en cuanto a los roles que me toca desempeñar: a mi papel en el mundo, a mi papel como padre, como esposo, como amigo, como terapeuta, como hijo, como hermano, pero… ¿Cómo me relaciono yo conmigo mismo como hombre?

Para empezar, siempre parto del hecho de que antes que nada soy persona, y luego hombre. Y tengo esa misma consideración cuando me relaciono con los demás: yo trato con personas, que pueden ser mujeres u hombres. Aunque sin duda alguna el hecho de haber nacido y haber sido educado como hombre me condiciona mucho, y puedo llegar a comportarme de forma diferente dependiendo de quién se trate. Porque no puedo desprenderme de esa “condición” de un plumazo, como tampoco puedo desactivar sin más mi carácter o personalidad. Lo interesante es que cuanto más conozco acerca de mi carácter o personalidad, más veo mis juegos, mis artimañas y formas de hacer cuando me relaciono con otras personas, y eso me permite no solo darme cuenta de lo que estoy haciendo y cómo lo estoy haciendo, sino también – y lo más importante – me permite tomar decisiones más sanas y beneficiosas para mí.

Pues algo parecido me viene con respecto a eso de “ser hombre”: cuanto más conozco sus implicaciones, mejores decisiones soy capaz de tomar. Por ejemplo en relación a los cuidados, algo en lo que los hombres somos menos propensos a involucrarnos. Últimamente he decidido poner atención en este aspecto de mi vida para observar mi comportamiento y registrar qué tal lo estoy haciendo. En el fondo es ponerme las gafas para saber cómo funciono en lo que podría denominarse “modo hombre”.

Para empezar a observar mi funcionamiento en “modo hombre” me ha ayudado mucho relacionarme con personas con sensibilidad de género, es decir con esas gafas que detectan los condicionamientos que cada género acarrea. Ellos y ellas me han enseñado y ayudado a ver cómo está montado todo este sistema patriarcal, capitalista, y a posicionarme desde un lugar más crítico desde el cual poder transformar unas cuantas cosas.

Algo que también me ha ayudado mucho es entrar a formar parte de diferentes grupos de hombres, ya que aparte de mi propia reflexión, íntima e individual, considero que lo que verdaderamente produce transformaciones son la vivencia y la acción. Eso, sin dejar a un lado la educación recibida, que ha conseguido hacer de mí una persona sensible y abierta al cambio y a la transformación, en este caso de los roles de género.

Entrando un poco más en el tema de los grupos de hombres…

Los grupos a los que he pertenecido y pertenezco tienen fundamentalmente un enfoque holístico y humanista; no están centrados tanto en la ideología, la desigualdad de género o en aspectos de justicia social como tal. Por supuesto que todo esto está presente, pero no es el foco para el trabajo. Conozco a hombres que pertenecen a grupos en los que el foco está puesto en los privilegios de los que gozamos con respecto a las mujeres, y también conozco a hombres que pertenecen a grupos centrados en identificar las desventajas que el rol de hombre también conlleva, y que trabajan hacia la reparación y sanación de esas heridas. Yo prefiero trabajar desde un enfoque más abierto, el humanista, aunque sin perder de vista la desigualdad y justicia social, pues se trata de un todo inseparable. Este enfoque incluye que no tenemos que solucionarle a nadie la vida, cada uno de nosotros tenemos nuestros propios procesos y ritmos y nosotros estamos para acompañar, para dar apoyo, para ofrecer otra mirada sobre la vivencia. No es un tema baladí ya que los hombres ante los problemas lo que tendemos hacer es buscar rápidamente una solución, nos ponemos en el modo prácticosolucionador.

Recientemente Fernando, Miguel y yo hemos abierto un nuevo grupo de hombres en Madrid que hemos llamado “Masculino plural”. En este grupo, aparte del enfoque humanista de base, pretendemos incluir una toma de conciencia de esos otros aspectos a los que me he referido antes: tanto de lo que concierne a nuestros privilegios, como a los costes que implica el hecho de haber nacido hombre…

Queremos ir poco a poco. Creo que la casa hay que comenzarla desde los cimientos, y para poder sostener las decisiones de cambio a nivel personal nos hace falta generar músculo. ¿Qué quiero decir con eso? Pues que por ejemplo me va a resultar imposible perder peso si antes no estoy preparado para tomar las acciones que me conduzcan a ese resultado. ¿Y cómo me preparo? Pues lo primero que tengo que hacer es tomar conciencia respecto al punto en que me encuentro, de modo que cuando por fin el mensaje de “tengo que perder peso” me cale, pueda movilizar mi energía en esa dirección y realizar cambios reales, como hacer ajustes a mi alimentación o reducir mis hábitos de vida sedentaria.

Eso es precisamente lo que facilita el hecho de pertenecer a un grupo de hombres: el tomar conciencia de mi realidad presente, conocer en qué punto estoy, reconocer cómo me siento, identificar mis necesidades, repasar mi historia personal y los modelos de hombre que me han influido. En los encuentros de grupo aprendo a concederme una pausa, a respirar, a observarme.
Dado que que cada uno de nosotros partimos de momentos diferentes, el trabajo que nos puede interesar también va a ser diferente. Aún así, creo que hay que comenzar por lo básico, y para mí lo básico y principal es aprender a dirigir la mirada hacia nosotros mismos y tomar conciencia de quién soy y en qué momento me encuentro.

El principio del que surge nuestro grupo “Masculino Plural”, me inspira las siguientes palabras:

  • PARAR
  • SENTIRME
  • ESCUCHAR-ME
  • RECONOCER-ME
  • TOMAR CONCIENCIA
  • COMPARTIR
  • VINCULARME CON EL OTRO
  • EVOLUCIONAR
  • TRANSFORMAR
  • SANAR
  • ………

Proponemos “Masculino Plural” como un espacio dedicado únicamente a nosotros, hombres, donde poder hacer una pausa, compartir nuestros sentires y acoger lo compartido. Para mí es un buen punto de partida: abrirnos a los otros para dejarnos ver; sentirnos y escucharnos, tomar contacto con el otro, poder acompañarnos en el dolor, empatizar con él y estar presentes con aquello que nos está pasando cuando y mientras nos compartimos. Dejarnos empapar de todo ello y caminar juntos.

A veces me he llegado a preguntar ¿Pero qué hago yo en un grupo de hombres? Pero entonces enseguida reconozco que ¡algo bueno me tienen que ofrecer! La prueba está en que a principio de curso agendo los días de los encuentros del grupo para todo el año, y por supuesto me reservo y respeto esas fechas como si se tratase del día de mi cumpleaños.

La razón no la sé, pero estos encuentros me llenan de gozo. Puede que sea por la compañía sincera, por el apoyo por parte del grupo, por la fascinación que experimento cuando uno de nosotros comparte su intimidad con el resto, por la mirada respetuosa que recibo cuando me comparto, por el reconocimiento hacia la valentía del grupo, o por el reconocimiento que me producen cada uno de los hombres que lo formamos, y por supuesto por la generosidad que tiene cada uno en compartir su sabiduría y creatividad.

Ahora quiero hablaros de la transformación que es el resultado del camino recorrido por mí en los grupos de hombres. Y es que si algo me parece importante es poder integrar en nuestro día a día lo aprendido, haciendo de ello una realidad palpable.

Reconozco mi evolución en muchos aspectos, algunos de los cuales os dejo aquí:

  • me vinculo de manera más satisfactoria con otros hombres.
  • soy capaz de reconocer y empatizar con el dolor ajeno.
  • parto desde un lugar de apoyo, en vez de competencia en mi relación a otros hombres
  • he tomado consciencia de la desigualdad existente entre hombres y mujeres.
    • he tomado conciencia de la importancia de los cuidados y los beneficios que me aporta involucrarme en ellos.
  • he dejado de ejercer el papel de padre respecto a ninguna mujer.
  • he dejado de sentirme responsable de la vida de las mujeres cercanas a mí.
  • vivo mi sexualidad de una forma más satisfactoria.
  • he aprendido a comportarme como PADRE para mi hijo, siendo delicado con él, y a la vez pudiendo ponerle límites.
  • escucho el ritmo del mundo y de la vida y elijo soltar el esfuerzo por que sean diferentes. Estoy más en contacto con la naturaleza y fluyo con sus ciclos.
  • soy capaz de poner límites a las mujeres de mi vida desde un lugar de amabilidad y respeto.
  • me doy cuenta de que mis experiencias y sentires como hombre son compartidos por muchos, y que nuestros dolores son universales.
  • he aprendido a ser firme a la vez que amoroso.

Por supuesto reconozco que necesito seguir avanzando y transformando. Pero como dicen “eso es arena de otro costal”. Puede que no sea totalmente consciente de lo que quiero conseguir, pero tengo algunas pistas de hacia dónde quiero dirigirme:

  • desearía desarrollar vínculos más estrechos y regulares con otros hombres, compartir más cantidad, calidad y diversidad de espacios con ellos.
  • querría estar más presente con mis amistades, cuidarles más.
  • me gustaría dar más protagonismo a mi vida familiar; tomar un lugar más proactivo y sugerir más encuentros.
  • desearía darme más permiso para expresar mi sexualidad.
  • querría involucrarme y participar más en los trabajos de la casa.
  • me gustaría cuidar mejor de mi salud, comprometerme más seriamente con ella.

Por último y para concluir esta reflexión, quiero nombrar a aquellos que conforman mi grupo de hombres y a quienes tengo en gran estima: a Zen, a Alberto, a Israel, a César, a Javi, a Javi, a Juanan, a Manuel y a Borja… Este pequeño GRAN grupo.

También a todos los hombres que formamos el proyecto “Masculino plural”.

Un abrazo a todos los hombres que buscan.
Un abrazo a los hombres inconformistas.
Un abrazo a todos los hombres.
Un abrazo a mis hombres.
Me abrazo
Guillermo