He de admitirlo: el tema de la muerte siempre ha estado rondándome desde que me diagnosticaron la enfermedad. Y aunque empecé a escribir al poco de diagnosticarme la enfermedad, hasta mayo de 2020 no he sido capaz de ponerme a hablar sobre ella.

Mi relación con el hecho de la muerte a lo largo de este proceso no ha sido fácil. En muchos momentos no ha estado presente pero en otras ocasiones si, y de forma muy presente.

Soy afortunado, porque en mi entorno hasta la fecha no han muerto muchas personas. Bueno, una sí, además víctima de esta pandemia del COVID-19. Y cuando me pongo a pensar en ella ahora que no está, me pregunto: ¿Qué balance hacer de lo que ha sido su vida? Para mí la respuesta es clara y rotunda: que se haya ido con la sensación de que ha tomado su vida con ambas manos, no de que la vida se le ha escurrido entre los dedos. Sentir que hemos aprovechado todo lo que la vida nos trae, para mí consigue despojar a la muerte de todo su drama.

Porque hablar de la muerte y de morir es en realidad hablar de la vida.

Para mí es importante tener la percepción de que la vida tiene sentido y sobre todo, que es buena. Ahora me encuentro muy bien, tanto física como emocionalmente, pero a lo largo de este recorrido conviviendo con la enfermedad no ha sido siempre así. En mitad de los tratamientos recuerdo claramente haber pensado: “si cuando termine de medicarme sigo encontrándome tan mal, no me merece la pena seguir viviendo”. Esa es la verdad. Yo no deseo VIVIR a toda costa, de cualquier forma; no necesito encontrarme siempre fenomenal, pero sé algunas de las cosas que no quiero, porque las he probado, sé a qué saben y a qué huelen, y sobre todo sé cómo me hacen sentir.

Por suerte ahora cuento con suficientes recursos para reconocer que esos pensamientos que me asaltaban entonces, aunque legítimos, no eran sanos para mí mientras estuviera enfrentándome a los tratamientos. Por eso tome la decisión de hablar con mi médico y pedirle que me recetara antidepresivos si estos podían hacerme sentir mejor. Ellos me ayudaron a encontrarme mejor y a transitar ese lugar, pero eso sí, en cuanto empecé a sentirme mejor los abandoné.

Atravesar una situación así me ayudó a tomar mayor consciencia de lo que realmente siento: que vivir a cualquier precio no es suficiente. Para mí la experiencia de estar vivo está relacionada con la percepción positiva que tengo de mí tanto a nivel físico como mental y emocional. Necesito sentir que he vivido y que estoy viviendo – sacándole el jugo a – mi vida. Puede que no de forma plena o todo lo deseable que podría ser, pero sí de una forma coherente que me ha permitido y me está permitiendo crecer. Por supuesto que no deseo morir, pues hay muchas cosas que todavía me gustaría compartir con mi familia y amig@s, pero siento que lo que he vivido hasta ahora inclina la balanza de la vida a mi favor.

Se encuentre nuestra propia muerte a la distancia en el tiempo que sea –nunca lo sabremos-,  pensar en ese momento y en qué queremos que pase cuando ya no estemos nos ayuda a tomar algunas decisiones importantes. Es bueno para nosotros, porque nos pone los pies en la tierra y nos prepara para lo inevitable, pero sobre todo es bueno para nuestros seres queridos, pues les facilita el trago y puede que hasta les suavice el proceso de duelo.

Algunas de las preguntas que a mí me han estado rondando han sido:

  • Las “últimas voluntades” a nivel médico ¿Cómo quiero ser tratado/a con respecto a los tratamientos si mi comunicación con el equipo médico está dificultada por mi condición?
  • ¿dónde quiero estar en mis últimos momentos de vida?
  • ¿quién o quiénes queremos que estén a nuestro lado?
  • ¿qué forma de despedida voy a elegir contando con que sea posible y quiera?
  • ¿qué quiero que pase con mis cosas?
  • ¿hasta donde quiero llegar con los tratamientos?
  • ¿qué es para mí una calidad de vida aceptable?

Y muchas otras preguntas que surgen cuando un@ ve las orejas al lobo.

A veces puede ser difícil tener claridad sobre esto, pero realmente merece la pena que le dediques tiempo, sobre todo si como yo, te has encontrado o te encuentras en un proceso delicado de salud.

Y es esta danza entre la vida y la muerte la que me invita a hacer balance de lo vivido para ir reajustando mi rumbo de manera que me sienta cada vez más alineado entre mis percepciones, mis emociones y mis actos.

Aquí comparto contigo algunas de las cosas que han contribuido para que sienta que hasta ahora mi vida está siendo VIVIDA y que me devuelven la paz frente a la idea de la muerte:

  • Atreverme. Haberme atrevido a sostener las relaciones que deseaba y también a dejar ir aquellas que la vida me anunciaba que tenía que soltar.
  • Arriesgarme. Haber elegido caminos laborales que a pesar de implicar más inestabilidad e incertidumbre, de gozar de menos prestigio o reconocimiento, están más alineados con mis valores, mis intereses y mi ser más auténtico.
  • Cuidar. Cultivar mis relaciones personales mostrando mi empatía y permitiéndome mi vulnerabilidad para hacerlas lo más nutricias posible.
  • Amar. Particularmente a mi familia. Darles lo que puedo y entregarme a ella de la forma más sana y generosa de la que soy capaz.
  • Ser generoso. Dando a los demás y cuidando al otr@ me doy y me cuido a mí.
  • Ser humilde. Me esfuerzo en reconocer mis limitaciones, en ver de lo que soy capaz y lo que no.
  • Ser bondadoso. Acercarme al otr@ desde un lugar de escucha, atención, cuidado, empatía y generosidad.

¿Qué cosas son las que te hacen sentir viv@ a ti?¿Cómo es tu lista? ¿Qué te hace sentir que tu vida está siendo vivida?

No siempre es fácil llegar a esa percepción, y hay cosas que puedes hacer para devolverle a la vida el valor que intrínsecamente tiene. Si me lo permites, yo puedo acompañarte a lo largo de parte, o de todo el proceso, hasta que sientas que tu vida merece ser vivida tal como es.

Puedes reservar una cita gratuita AQUÍ.

 

Guillermo

630 15 42 39

En estos momentos me dedico a la  Terapia individual (puedes reservar una cita gratuita pinchando AQUÍ)el masaje californiano y al trabajo de autoconocimiento a través de la propuesta corporal  “Movimiento Cuerpo y Creatividad”.