No hay duda de que estamos viviendo una situación excepcional. Es como si el mundo se hubiera dado la vuelta. Este shock que experimentamos me recuerda bastante a lo que yo viví en aquellos días cuando me diagnosticaron el tumor cerebral.

¿Qué tienen en común estos dos acontecimientos, aparte de su gravedad?

Para empezar, toda una lista de efectos supuestamente negativos o limitantes, a saber:

  • la incertidumbre de no saber qué va a pasar a continuación;
  • el cese la actividad otra que no sea mantenernos con vida;
  • la pérdida de libertad que implica la limitación de movimientos;
  • la percepción del dolor y el miedo en los seres queridos que nos rodean.

Sin embargo, en su interior como en toda crisis, también puede alojarse una gran oportunidad:

La de ganar perspectiva sobre nosotros mismos.

Ambas situaciones, si se saben aprovechar, tienen la capacidad de ayudarnos a percibir aquello que nos pasa de un modo diferente; nos sirven para transformar para mejor nuestra forma de estar en la vida, recolocando nuestra lista de prioridades. De todo esto te hablo en mi anterior artículo: “La enfermedad no me ha regalado nada”,  Ahora me gustaría poner la lupa sobre lo que en estos momentos tenemos más presente: el parar.

Queramos o no, tanto el hecho de estar enfermo, sometido a tratamientos agresivos –con la disrupción física, química, emocional y energética que eso supone-, como el confinamiento que estamos viviendo, nos obligan a PARAR en seco, a dejar de hacer muchas de las cosas que hacíamos antes.

Esto que al principio puede llegar a descolocarnos bastante, cuando no perturbarnos o incluso atormentarnos, una vez atravesada esa primera fase de desconcierto, frustración y miedo, puede convertirse en algo a lo que podemos sacarle mucho provecho.

Por supuesto que nuestra reacción natural es la de resistirnos a la realidad cuando esta nos incomoda; el ser humano es experto en rebelarse contra el cambio. Después de todo ¿a quién le hace gracia no poder salir de casa?, ¿a quién le apetece encontrarse mal físicamente? … A nadie.

Ya hemos visto cómo en estos días, desoyendo la invitación de la vida a mirarnos a nosotros mismos, a dirigir nuestro movimiento hacia adentro, todo el mundo se ha puesto a proponer infinidad de actividades para seguir on-line: cursos diversos, clases de yoga, de movimiento, terapias varias, por no hablar del torrente de memes, información y publicaciones en redes sociales que nos inunda. Y ese impulso no responde tanto a la necesidad de adaptar la actividad profesional al ámbito virtual  –aunque en parte puede que así sea-, como a la inercia interna de no parar. Así volcándonos hacia lo que sucede fuera, negamos, tapamos o anestesiamos lo que ocurre dentro.

No nos engañemos ¡esta reacción es de lo más normal! Se trata de la simple manifestación de nuestra resistencia a aceptar lo que hay, lo que es. Lo que toca.

Hablemos ahora de las bondades que nos puede traer ELEGIR PARAR.

Aparcar por un tiempo nuestras actividades habituales nos trae el regalo de hacer espacio para que podamos mirar lo que nos está pasando por dentro, y conocer esa verdad nos permitirá actuar en lo sucesivo desde un lugar de más claridad. Transitar por la presente situación y atravesarla de una forma exitosa significará haber arrojado luz donde antes no había, y haber adquirido aprendizajes que de otra forma no sé hasta qué punto hubieran sido posibles.

PARAR de verdad y dirigir nuestro foco hacia dentro nos puede regalar esa transformación que tanto hemos anhelado. No estoy diciendo que esto vaya a pasar de un día para otro. Toda transformación es resultado de un proceso y necesita tiempo.

Pilar Jericó compartía en el artículo Guía para superar el impacto emocional del coronavirus en el diario El País las etapas a las que nos vamos a enfrentar en el transcurso de la pandemia. Más allá de las emociones concretas que cada un@ vayamos atravesando – pues es seguro que pasaremos de unas a otras- , lo que hace falta es que podamos reconocerlas, que nos demos cuenta de aquello que estamos sintiendo y lo que nos está pasando. Para llegar ahí una cosa es imprescindible: PARAR y observarnos.

¡Aprovechemos esta oportunidad que la vida nos está sirviendo en bandeja!

Claro que podemos optar por seguir como estábamos, por tirar para adelante sin detenernos, pues hasta cierto punto es más cómodo y menos comprometido. En ese caso, tarde o temprano la realidad va a volver hacer que nos tambaleemos, de eso no nos quepa duda. Podemos no mirar hacia nuestro interior, pero aquello que nos tenga que pasar, nos pasará, y las consecuencias serán las que sean, y por no comprenderlas, volveremos a no aceptarlas. A no encontrar la paz.

¿Pero cómo lo hago, si no sé parar? … La realidad es que yo era uno de esos.

Recuerdo que la primera vez que fui a un psicólogo lo primero que le dije fue: “no, si yo estoy bien J” Y aparentemente no había nada malo por lo que acudía a su consulta. Pero por lo menos tuve la conciencia de que mi ajetreada vida no me estaba dando espacio para pensarme, para sentirme, para averiguar qué cosas eran verdaderamente importantes para mí; qué me estaba dando energía, alegría, y qué me la estaba quitando. Es por eso que recurrí a un profesional: para “asignarme” ese espacio donde poder observarme y tomar conciencia de lo que me hacía crecer y de lo que estaba frenando ese crecimiento.

Gracias a ese espacio para PARAR que me auto regalé, ahora soy capaz de transitar la enfermedad, el confinamiento y lo que me echen.

Si, como me pasaba a mí, eres de las personas que encuentran difícil parar, yo puedo ayudarte.

Mientras dura esta situación de reclusión obligada atiendo a personas on-line de forma gratuita. Aprovéchame para profundizar en algo que te esté dañando, o simplemente para dar voz a esto que nos está pasando.

No le pongas la mascarilla a tus emociones, porque estas son la puerta a tu verdad.

Aquí puedes reservar aquí tu cita gratuita o si lo prefieres puedes llamarme si lo necesitas tú o cualquier persona de tu entorno más cercano. (Guillermo: 630 154 239)

Para terminar, aquí tienes un par de sencillos ejercicios que también te pueden ayudar a darte cuenta de tu paisaje interno.

Pon atención a tu cuerpo. Encuentra un intervalo de 5 o 10 minutos en el que puedas estar sol@ sin que nadie te moleste; focalízate en tu respiración, sin modificarla, simplemente respira. Inhalando y exhalando lentamente ve haciendo un recorrido por todo el cuerpo observando las sensaciones y emociones que afloran desde cada una de tus diferentes partes. Simplemente observa y escucha: permite que tu cuerpo te cuente cómo estás a nivel físico.

Hazle una visita al silencio. Si te es posible, abstente de hablar y apaga/silencia todos los dispositivos electrónicos durante unas horas (o minutos) al día. Si te sientes inclinada/o a ello, refleja en un cuaderno aquello que vas experimentando. Esto seguro que te ayudará a darte cuenta de cómo estás verdaderamente.

Estoy convencido de que lo que ganes tras esta experiencia compensará por todo lo que sientes que has perdido.

Compártelo conmigo si te apetece.

Y como en toda situación importante el humos debe estar siempre presente, no ayudará a ser mejores.

Os dejo un tutorial de Oscar Terol sobre como «no hacer nada»

Guillermo

630 154 239

 

En estos momentos (Aunque ahora salvo la terapia el resto este parado) me dedico a la  Terapia individual (puedes reservar una cita gratuita pinchando AQUÍ)el masaje californiano y al trabajo de autoconocimiento a través de la propuesta corporal  “Movimiento Cuerpo y Creatividad”.