Hago también mía esta frase de Pepe Guinea, fotógrafo y compañero de andadura –él con más recorrido que yo- por el camino de esta difícil y caprichosa enfermedad.

Aprovecho la ocasión para invitaros a que conozcáis su obra y sus proyectos, donde se puede apreciar parte de lo que para él significó esta experiencia: http://www.pepeguinea.space/ https://www.lensculture.com/pepe-guinea.

En uno de los encuentros que compartimos Pepe y yo, mientras reflexionábamos sobre la enfermedad y sobre las cosas que ésta nos estaba “obligando” a vivir, las cosas que estábamos experimentando tanto a nivel íntimo como de cara a los demás y a nuestro alrededor en general, surgió la frase con la que abro esta reflexión. 

Frase con la que no puedo estar más de acuerdo. 

Cuando estaba “sano”, ya era consciente -de oídas- del giro radical que tomaba la vida de muchas de las personas que han transitado por una enfermedad grave. Para ellas todo había cambiado después de la gran crisis que supone una enfermedad importante: la forma de percibir la vida y de percibirse a sí mismas; también, cómo no, la forma de conducirse por ella. Nada mejor para ilustrar esta experiencia que “Las noches oscuras del alma” de Thomas Moore.  

En cambio a mí, después de atravesar diferentes crisis vitales, es decir, una vez calmado el ánimo, siempre me han asaltado las mismas preguntas ¿De verdad es siempre necesario sufrir para aprender? ¿esforzarse para avanzar? Si queréis que os diga la verdad, si pudiese elegir, yo me conformaría con ser un poco más “tonto” e inmaduro con tal de sufrir menos.

Realmente se trata de un deseo un tanto infantil, ya que todas las personas estamos abocadas a enfrentarnos, y no en una sola ocasión, a crisis y sufrimientos varios; nadie nos va a librar tarde o temprano de la pérdida de algún ser querido, de una ruptura amorosa, de un abandono, de un dolor o enfermedad, de un agravio, etc. 

Probablemente la diferencia con respecto a cualquier otra crisis, es que una enfermedad importante o grave pone en compromiso nuestra propia existencia. Es decir que si le da por evolucionar, el resultado es que dejamos de existir,…¡Finito! Además, si la dolencia aparece cuando tienes una edad en la que supone que tienes que estar vivo y que te queda mucho por delante, pues ya te puedes imaginar el efecto perturbador –en muchas personas realmente devastador- que ejerce sobre quienes lo sufrimos.

Aun así, yo creo que todas las transformaciones que tienen lugar en el individuo a raíz de una crisis de salud de estas proporciones, no son porque vengan “de regalo” con el paquete de la enfermedad. Hay mucha gente que es incapaz de superarla y que no identifica aprendizaje alguno, únicamente sufrimiento y tristeza. 

Para afrontar esta complicada crisis y recoger e integrar sus aprendizajes, en primer lugar es necesario partir desde un lugar de bastante claridad, con la suficiente madurez, apertura a  la vulnerabilidad, disponibilidad, sensibilidad, y sobre todo desde un acompañamiento tierno y sostenedor por parte de aquellos y aquellas que te quieren. Afortunadamente esta es la experiencia de la que puedo hablar personalmente. Es así como voy afrontándola y me empapo día a día de cualquier cosa que va surgiendo. Es así como me siento que crezco, con esa otra suerte de luz. Ahora soy capaz de vivir de una forma luminosa, y por qué no decirlo: “iluminada”.

El resumen de todo lo anterior es que, ya que no podemos elegir muchas de las cosas que nos pasan, entre ellas las crisis que vivimos, sí que podemos elegir sacarles todo el jugo en forma de aprendizajes. Resulta que es nuestra responsabilidad y el beneficio también será nuestro. 

¿Cómo aprender de ellas, entonces? ¿Cómo hacer que el sufrimiento no sea en vano? ¿Cómo transformar la desestabilización en reajuste y transformación hacia una vida más plena? 

Aquí comparto con vosotros y vosotras algunas de las acciones y actitudes que a mí me han ayudado. Aunque he de reconocer que no en todo momento he sido capaz de estar sintonizado con lo que nombro. 

Parar: Dejar de “hacer”, de estar en la acción. Dar espacio para que lo que está sucediendo, suceda. Sin evasión y con presencia. 

Aceptar: No oponer resistencia a la realidad, a lo que está pasando. Lo que es, es. Poner toda la energía de que dispongamos en responder a estas preguntas: ¿Qué puedo hacer yo con lo que me esta pasando? ¿qué de positivo me trae esta experiencia? 

Escucha: Dar tiempo a la escucha interna, a identificar y sostener lo que está pasando dentro de mí. Dar espacio al contacto con mi realidad. Física, emocional, mental y espiritual.

Priorizar: Esa crisis que estamos viviendo es asunto nuestro. La estamos viviendo nosotr@s. A pesar de que todo lo que vivimos afecta a las demás personas a nuestro alrededor, no debemos renunciar a poner por delante nuestras prioridades. El cómo afecta nuestra crisis a las demás personas es asunto de ellas. 

Auto cuidado: Poner todos los recursos a nuestro alcance al servicio de nuestro auto cuidado; hacernos cargo de las cosas que nos sientan bien y pueden hacernos mejorar, como por ejemplo una alimentación sana y equilibrada. 

Responsabilidad: la enfermedad es nuestra, la crisis es nuestra. No podemos cargar el peso de nuestra enfermedad sobre los hombros de las personas que nos acompañan, ni de los médicos, ni de familiares. Sin dejar de escuchar y dejarnos acompañar, las decisiones fundamentales corren de nuestro cargo. Sin dudarlo. Sin excepciones. 

 

Así pues, se trata de que nos adueñemos de la situación, que nos hagamos responsables de nuestra enfermedad, asumiendo una actitud madura que pasa por dejar de malgastar energías en lo que no está ahí (aquí hablamos de salud, pero podríamos referirnos a cualquier otra situación de crisis importante), para empezar a enfocarnos en llegar a donde queremos ir, así como en la manera en que lo queremos hacer.

Esta es la actitud que nos ayudará a crecer, a estar mejor apoyados en la vida y a aprovechar la complicada situación que nos ha tocado vivir, para “iluminarnos”.

Recuerda entonces que la enfermedad en verdad no te ha regalado nada: eres tú quien generas tu propio crecimiento.

 

Guillermo
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En estos momentos me dedico a la  Terapia individualel masaje californiano y al trabajo de autoconocimiento a través de la propuesta corporal  “Movimiento Cuerpo y Creatividad”.