Me resulta difícil condensar en un texto de unos cuantos cientos de palabras los últimos 6 meses de este viaje que comenzó cuando recibí el diagnóstico de un tumor cerebral, ya que las sensaciones, emociones y pensamientos por los que he transitado han sido innumerables. Aún así, quiero compartir con vosotros/as aquí algunas de mis reflexiones y aprendizajes que tienen que ver con el “equipaje” del que me acompaño.

Al comienzo de este camino  estuve muy centrado en seguir los tratamientos que me habían recomendado para tratar el tumor, y en esos primeros momentos sentí que me enfrentaba a la enfermedad con una actitud de aceptación. Sin embargo ahora soy capaz de reconocer que con frecuencia lo he llegado a vivir como si de una guerra contra el invasor se tratara. Han sido muchos los momentos en que me he encontrado francamente mal, tanto física como emocionalmente. Eso no ha hecho otra cosa que activar todas mis estrategias de supervivencia. Por un lado la estrategia de “aceptación”, es decir, aprender a vivir con lo que toca, y por otro lado la de echar mano de todos los recursos que tengo a mi favor. Ahora el esfuerzo no lo empleaba (ni lo empleo) para luchar contra la enfermedad, que por el momento ahí está, sino para rescatar y hacer uso de todos esos recursos con los que cuento.

Así pues, en esta etapa me he visto obligado a priorizar, a dejar a un lado mis actividades habituales y, por qué no decirlo, también a personas, para centrarme en mí y en mi estado de cada día. Lamento no haber estado más presente con la gente que me quiere, pero la realidad es que he tenido que poner mucho cuidado en cómo administraba mi ya de por sí escasa energía, y por tanto no me ha sido posible atender a todo y a tod@s.

Una de las  cosas que me gustaría resaltar de este periodo es lo acompañado que me he sentido. Y aquí no me refiero tanto al equipo de profesionales de la salud que me han atendido y me atienden, como al acompañamiento humano que he recibido por parte de la gente que me quiere y aprecia. Me siento muy agradecido por todo lo que me han ayudado: cuidando de mi hijo, “sacándome” o acompañándome para salir a pasear o a correr; haciéndome relajaciones y visualizaciones; aportándome positividad en momentos en que a mí me era imposible sentirla ni verla por ningún lado; respetándome en mi estado, cualquiera que éste fuera. En resumidas cuentas, que hayan estado ahí. También reconozco haber esperado que algunas personas hubieran estado de otra forma, tal vez más presentes, pero que no ha sido así. Aquí de nuevo toca aceptar. La vida nos trae de todo, y yo elijo centrarme en lo que SÍ es y está, en vez de en lo que NO.

Como digo, este acompañamiento externo ha sido muy importante, pero tan importante ha sido el que tomara conciencia de los recursos internos de que dispongo, y el haberlos puesto a funcionar. La capacidad de aceptación, la de gestionar la frustración, la gestión de mis propios límites, la escucha de mi cuerpo…, cada uno en su momento justo ha contribuido para hacer el tránsito que han supuesto estos últimos meses mucho más llevadero.

A día de hoy no puedo sino admitir que me encuentro en un momento dulce. A pesar de no haber acabado los tratamientos – me queda un ciclo de quimio en esta etapa-, mi estado tanto físico como emocional es mucho mejor que el de hace unos meses. Me encuentro con más energía, más activo y con ganas de continuar con la vida de la manera más “normal” posible.

Desde ese animado y vigoroso estado comienzo el curso, sintiéndome afortunado por la confianza que me muestran mis pacientes al ponerse en mis manos, y las demás personas que acuden a mí o asisten a mis talleres.

A todos ell@s, Gracias.

En estos momentos me dedico a la Terapia individual, el masaje californiano y al trabajo de autoconocimiento a través de la propuesta corporal  “Movimiento Cuerpo y Creatividad”.

Guillermo

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