Que te suelten de sopetón que te han encontrado en la cabeza un tumor de un tipo muy poco frecuente, que además no es operable por encontrarse en una zona muy interna, es una noticia que no le deseo a nadie. El miedo que me provocó esa revelación fue de tal calibre que llegué a pensar que ahí acababa todo, que mis horas estaban contadas. Lo único en lo que podía pensar en esos instantes era: «tengo dos días de vida para dejar todos mis asuntos cerrados.». Tras esos momentos de verdadero pánico han ido apareciendo otras muchas emociones y sentimientos. En concreto dos, que unas pocas semanas después del diagnóstico, que es cuando escribo, pueden resultar sorprendentes. Me refiero al sentimiento de aceptación, y también de agradecimiento.

En el fondo lo que yo siento actualmente es agradecimiento. Por supuesto que si me dieran a elegir, elegiría no tener que enfrentarme a este diagnóstico, pero es la vida la que nos va presentando acontecimientos, y nuestra libertad radica en poder tomar conscientemente las decisiones que más nos benefician en cada momento, para lo cual hemos de preguntarnos cada vez ¿qué quiero hacer yo con esto que la vida me trae?

Mi respuesta a esta pregunta, en relación a esto que me ha llegado, es la determinación de vivir este momento tomándolo como conviene tomar tantas otras circunstancias vitales que nos vienen sin previo aviso: sin oposición ni pelea, pues no se trata de ninguna guerra, sino acogiendo y aceptando lo que hay.

No podría decir me he iluminado gracias a la enfermedad, pero sí soy capaz de reconocer que ésta me ha colocado -me está colocando- en un lugar muy diferente desde el cual he empezado a vivir mi vida, y este cambio de lugar me está aportando cosas positivas.

No ha pasado mucho tiempo tras el diagnóstico y ya soy capaz de nombrar algunas de las cosas buenas que han venido de la mano de tan inoportuno visitante:

  • Muchas demostraciones de amor por parte de gente cercana.
  • Un acercamiento emocional y más contacto con la gente que quiero.
  • Más presencia con mi hijo.
  • ​Muchas conversaciones enriquecedoras sobre el significado de la vida y la muerte con gente que aprecio y me aprecia.
  • ​Poner el foco y la energía en lo que realmente es importante para mí.
  • Más presencia con mis pacientes de terapia.
  • Mucha humildad, ternura y cercanía.

Casi lo único negativo -que por supuesto no es nada desdeñable- es que tengo a un inquilino en la azotea, al cual no he invitado, que confío en que se marche pronto.

Me han dicho que puede que éste sea un camino largo, o puede que no, pues nada está escrito. En este camino doy por seguro que pasaré por estados emocionales muy diferentes, pero ¿de que sirve anticipar? ¿de que sirve ponerme en lugares que solo existen en el pensamiento? Yo elijo vivir el presente, elijo lo que sí existe, vivir con lo que hay y siento momento a momento. Y mientras escribo lo que siento es bienestar, mucha presencia y felicidad.

Desde estas palabras me gustaría  a abrir para mí, e invitaros a que abráis una ventana a la alegría de vivir, a repensar qué es lo realmente importante para cada uno/a.

Eso es precisamente lo que me propongo durante el acompañamiento de personas en la terapia individual: abrir la mirada, ganar espacios perdidos para nuestra libertad y tomar conciencia de lo que soy y hacia dónde quiero caminar.

 

Si crees que pudo acompañarte desde este lugar no dudes en ponerte en contacto conmigo.

Guillermo

630154239

gdelgado@milterapias.com